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Trabajar con el corazón: las historias detrás de Siquem y el compromiso de quienes sostienen su día a día

25 de agosto de 2026

Hay trabajos que se hacen con las manos, pero también con el corazón. En Siquem, esa frase adquiere un significado especial. Detrás de las tareas cotidianas, de la producción, de las comidas, de la organización y de cada una de las actividades que hacen posible el funcionamiento de la institución, hay personas que decidieron comprometerse con un proyecto social y poner a disposición sus conocimientos, su tiempo y su esfuerzo.

En el programa De Buena Mañana, Juan Carlos Agüero, cocinero de Siquem, y Natalia Rossi, integrante de la Cooperativa La Soberana, compartieron sus historias, sus experiencias y las razones que los llevan a seguir formando parte de una comunidad que acompaña a adolescentes y jóvenes que atravesaron situaciones de vulneración de derechos.

Sus relatos permiten mirar a Siquem desde otro lugar: no solamente como una institución que brinda acompañamiento, educación y contención, sino también como una construcción colectiva sostenida diariamente por trabajadores, cooperativistas, familias, colaboradores y una comunidad que entiende que las oportunidades pueden cambiar una vida.

Llegar a Siquem y encontrar un lugar

Juan Carlos Agüero llegó a Siquem hace alrededor de una década. Su primer trabajo allí estuvo vinculado a la reconstrucción y el mantenimiento. Sin embargo, con el paso del tiempo descubrió que aquel espacio podía reunir distintas experiencias y conocimientos que había adquirido a lo largo de su vida.

El vínculo con los chicos fue determinante.

Agüero ya tenía experiencia trabajando con niños a través del fútbol y también conocimientos vinculados con la panadería. Poco a poco comenzó a involucrarse en la cocina y encontró allí una nueva manera de aportar.

“En la granja encontré un lugar donde puedo hacer todo lo que aprendí en la vida”, explicó durante la entrevista. Y agregó que incluso después de tantos años continúa aprendiendo nuevas cosas.

Su tarea, sin embargo, excede ampliamente la cocina.

Juan Carlos se define de una manera particular cuando habla de su relación con los chicos: se puso a sí mismo “el título de padre”. Para él, acompañarlos implica mucho más que cumplir una función laboral. Es compartir desayunos, almuerzos y meriendas; llevarlos al cine, a la cancha, a pescar, a cortarse el pelo o simplemente salir a pasear.

“Para ser padre uno tiene que desayunar con ellos, almorzar, merendar”, contó.

En esas acciones cotidianas encuentra buena parte del sentido de su trabajo. La posibilidad de acompañar, de compartir y de generar vínculos se convirtió en una de las razones que lo hacen sentirse feliz dentro de Siquem.

Una historia que comenzó hace 20 años

La historia de Natalia Rossi con Siquem es todavía más extensa. Su primer contacto ocurrió hace aproximadamente dos décadas, cuando visitó la institución como compañera de escuela.

Desde aquel momento quedó vinculada con el lugar.

Participó del Banquito Popular de la Buena Fe, un proyecto del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación que tenía uno de sus centros en Siquem, y posteriormente realizó tareas de apoyo escolar. Después de algunos años de distancia, regresó como cooperativista de La Soberana.

Actualmente lleva cinco años formando parte de la cooperativa.

Para Rossi, el trabajo tiene un valor que trasciende lo económico. Significa contar con una fuente de ingresos para sostener a su familia, pero también tener la posibilidad de contribuir, desde su lugar, a construir la sociedad que imagina.

“Es un sueño poder tener un trabajo, una entrada económica que me permita sostenerme y, además, sentir que uno aporta su granito de arena”, expresó.

Ese sentido colectivo atraviesa toda su mirada sobre la cooperativa.

Si a la cooperativa le va bien, explica, el beneficio alcanza a todos sus integrantes. Y si alguno atraviesa una dificultad, los demás intentan acompañarlo y sostenerlo.

“Nadie se salva solo”, resumió.

La Soberana: trabajo y una salida laboral para los jóvenes

La Cooperativa La Soberana nació a partir de una necesidad concreta: generar una alternativa laboral para los jóvenes que estudiaban en Siquem, terminaban la escuela secundaria y querían continuar vinculados al proyecto.

La institución, como ONG, no contaba con la posibilidad de ofrecerles una salida económica o un salario que les permitiera continuar formando parte.

Dentro de Siquem ya existían distintas producciones vinculadas con la soberanía alimentaria. A partir de los excedentes, comenzó a desarrollarse una pequeña producción destinada a la venta. El tambo, por ejemplo, permitió elaborar quesos con el excedente de leche.

Así empezó a gestarse el proyecto cooperativo.

Lo que inicialmente fueron dos o tres producciones se fue ampliando con el tiempo. Hoy La Soberana cuenta con alrededor de 20 cooperativistas que trabajan y reciben un retorno mensual.

La cooperativa cumplirá en septiembre diez años desde su constitución jurídica, aunque el sueño comenzó a conversarse y construirse aproximadamente doce años atrás.

La producción incluye quesos, milanesas, pollo, cerdo, salamines, salames y otros alimentos. También aparecen nuevas propuestas que se prueban y desarrollan para ampliar la oferta.

Entre esas innovaciones están los chorizos de pollo que Juan Carlos comenzó a elaborar y que forman parte de una búsqueda permanente por generar nuevos productos.

La producción, además de ofrecer alimentos, sostiene un proyecto. Cada compra se transforma de alguna manera en una forma de acompañamiento a Siquem y a las personas que forman parte de él.

“Alimento real” y una producción con sentido social

Uno de los aspectos destacados durante la entrevista fue precisamente el vínculo entre la producción de La Soberana y el sostenimiento de Siquem.

Se trata de alimentos elaborados de manera artesanal y en una escala que no es industrial. Pero detrás de cada producto hay mucho más que una cuestión comercial.

Hay trabajo.

Hay una cooperativa.

Hay jóvenes que encontraron una posibilidad de continuar vinculados a un proyecto después de terminar la escuela.

Y hay una comunidad que sostiene una institución cuyo objetivo central es acompañar a chicos y jóvenes que no siempre tuvieron las oportunidades que deberían haber tenido.

Por eso, consumir un producto de La Soberana también significa colaborar con esa construcción colectiva.

Cuando el acompañamiento se transforma en recuerdos

Para Juan Carlos, acompañar a los chicos también significa generar experiencias que puedan quedar guardadas como recuerdos.

El año pasado logró concretar una iniciativa que había imaginado durante el verano: organizar un viaje con los chicos del hogar permanente de Siquem.

A través de la organización de ventas de locro y otras actividades para recaudar fondos, consiguieron viajar a Barreal, en San Juan, donde pasaron cuatro días.

Para él fue uno de esos logros que fortalecen y generan ganas de hacer todavía más.

Su forma de acompañar aparece también en pequeños gestos: regalarles figuritas, llevar barriletes, compartir actividades deportivas o planificar salidas.

“Siempre lo hago de corazón, le pongo todo el empeño”, contó.

Esas acciones pueden parecer pequeñas desde afuera, pero adquieren otro significado cuando se entienden como parte de una relación construida día a día.

Del hambre físico al hambre emocional

Uno de los momentos más profundos de la entrevista llegó cuando Natalia explicó cómo percibe la transformación de los chicos que llegan a Siquem.

Según describió, años atrás muchos llegaban atravesados principalmente por el hambre física. Hoy, además, existe otro tipo de necesidad que resulta mucho más compleja de abordar: el hambre emocional.

Hambre de acompañamiento,hambre de familia,hambre de inclusión.

Y frente a esa realidad, un plato de comida no alcanza.

“Principalmente el niño que llega a Siquem vuelve a ser niño”, sostuvo Rossi.

La posibilidad de jugar, de participar de actividades, de ser escuchado y de encontrarse con otros chicos forma parte de ese proceso.

En Siquem existen, además, asambleas diarias donde los jóvenes pueden plantear temas, reclamos, reconocimientos o inquietudes. La dinámica busca que aprendan que su palabra tiene valor y que existe alguien dispuesto a escucharla.

Ese ejercicio cotidiano permite recuperar algo fundamental: la posibilidad de imaginar un proyecto de vida.

Para quien tuvo acceso a las oportunidades habituales, pensar en estudiar, trabajar o elegir qué camino seguir puede parecer algo natural. Para quienes atravesaron situaciones en las que incluso esas posibilidades estuvieron negadas, volver a imaginar un futuro constituye un paso enorme.

Una familia construida desde los vínculos

Juan Carlos habla de su relación con los chicos desde un lugar profundamente afectivo.

No busca conocer primero sus antecedentes ni quedarse en aquello que les ocurrió. Prefiere construir el vínculo a partir del presente y de la posibilidad de acompañarlos.

“Trato de ser amigo de ellos”, explicó.

En esa relación también aparece una idea de familia. Una familia construida dentro de Siquem, donde hay abrazos, conversaciones, juegos y acompañamiento.

Para él, ese vínculo también lo transforma personalmente.

Dice sentirse feliz, incluso sentirse “un niño más” cuando comparte el tiempo con ellos. Y esa energía, asegura, es una de las cosas que lo ayudan a continuar.

La Peña del Abrazo: cuando una comunidad responde

Otro de los momentos importantes para Siquem es la Peña del Abrazo, una iniciativa que nació en un momento particularmente difícil para la institución.

Luego de un incendio que afectó parte de la producción y de las instalaciones, la comunidad se movilizó para acompañar a Siquem. En ese contexto surgió, por iniciativa de Miguel Ángel Toledo, la idea de organizar una peña.

El concepto era sencillo y poderoso: devolver aquel abrazo recibido y convertirlo en un encuentro comunitario.

La propuesta atravesó distintas etapas y tuvo interrupciones, pero ahora se prepara para regresar.

Desde La Soberana ya están trabajando para reunir producción destinada al evento. La escala de producción de la cooperativa obliga a planificar con anticipación: separar chorizos, salamines y otros productos para garantizar el stock necesario.

También serán elaborados por ellos los choripanes que se ofrecerán durante la peña.

Pero el objetivo no es solamente gastronómico.

La Peña del Abrazo permite que se encuentren quienes trabajan todos los días en Siquem, las instituciones que colaboran, los chicos, las familias, los cooperativistas y las personas que compran los productos o realizan aportes.

Es, en definitiva, una oportunidad para conocerse cara a cara.

Natalia lo definió como un espacio “hermoso” para encontrarse, celebrar y compartir.

Un abrazo que todavía continúa

La historia de Juan Carlos y Natalia es apenas una parte de una historia mucho más grande.

Ellos representan a muchas de las personas que todos los días sostienen Siquem desde distintos lugares. Cocinando, produciendo, acompañando, enseñando, organizando, escuchando o simplemente estando.

Sus testimonios muestran que una institución no se sostiene solamente con estructuras o programas. También necesita personas capaces de comprometerse con otros.

Y en Siquem, ese compromiso aparece una y otra vez en los pequeños gestos.

En un plato de comida,en un queso,en una salida,en un viaje,en un barrilete,una asamblea,un abrazo.

Porque, como quedó claro durante la entrevista en De Buena Mañana, el objetivo no es solamente resolver una necesidad inmediata. Es ayudar a que chicos y jóvenes que muchas veces no tuvieron la posibilidad de elegir puedan recuperar algo fundamental: el derecho a imaginar, a soñar y a construir un futuro con dignidad.

Mientras ese futuro se construye, hay una comunidad que sigue poniendo el cuerpo, el trabajo y, sobre todo, el corazón.

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