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Ed Sheeran, Macklemore y el precio de la neutralidad: ¿puede el apoliticismo ser realmente neutral?

17 de septiembre de 2026

La salida de Macklemore de la gira de Ed Sheeran, seguida por la renuncia de cuatro artistas que formaban parte del recorrido, abrió una discusión que excede a la música: quién decide qué puede decirse en un escenario, cuánto pesa el poder comercial y qué responsabilidad tiene una figura como Sheeran cuando el conflicto involucra la libertad de expresión.

Ed Shereran y Macklemore durante la gira del cantante británico por Norteamérica y Sudamérica

La controversia que atraviesa la Loop Tour de Ed Sheeran tiene todos los elementos de un conflicto que va mucho más allá de una gira musical. Hay un artista que utiliza el escenario para expresar una posición política, promotores y recintos que consideran que ese mensaje puede poner en riesgo los espectáculos, otros músicos que deciden retirarse en solidaridad y, en el centro, una de las mayores estrellas de la música mundial que reivindica una posición de neutralidad.

La pregunta que queda planteada es incómoda: ¿qué significa ser apolítico cuando las decisiones que se toman alrededor de un escenario tienen consecuencias políticas?

Macklemore: quién es el artista que quedó en el centro de la polémica

Macklemore, cuyo nombre es Benjamin Hammond Haggerty, es un rapero y compositor estadounidense nacido en Seattle. Alcanzó reconocimiento internacional durante la década de 2010 junto al productor Ryan Lewis, con éxitos como “Thrift Shop”, “Can’t Hold Us” y “Same Love”.

Su carrera también estuvo marcada por canciones y posicionamientos relacionados con cuestiones sociales. “Same Love”, por ejemplo, se convirtió en una de sus obras más identificadas con la defensa de los derechos LGBTQ+.

En los últimos años, Macklemore también adoptó una posición pública sobre Palestina. Durante sus presentaciones ha expresado su apoyo a la población palestina y ha utilizado su música y su exposición para denunciar la situación en Gaza.

El conflicto que desencadenó su salida de la gira ocurrió después de sus presentaciones en Nueva Jersey, donde pronunció un discurso de apoyo a Palestina y manifestó su deseo de que el público hiciera escuchar el mensaje de “Free Palestine”. También interpretó “Hind’s Hall”, una canción de protesta vinculada a las movilizaciones en apoyo a Palestina.

Macklemore estaba previsto para participar en ocho de las diez fechas restantes de la etapa estadounidense de la gira.

 el rapero estadounidense emitió un comunicado un comunicado en su cuenta de Instagram en el que explica la situación y reafirma su posición de defender al pueblo Palestino.

“No sé cómo comenzar esto, así que voy a hablar desde el corazón y con la verdad. Ed Sheeran y su equipo han tomado la decisión de retirarme de The Loop Tour”, inicia el texto que compartió en sus redes sociales. “Pero antes de entrar en detalles, quiero decir algo que debería ser obvio. No soy una víctima. Ed Sheeran no es una víctima. Pink no es una víctima. Nosotros tenemos carreras, dinero, oportunidades, seguridad y públicos alrededor del mundo. Cualesquiera que sean las consecuencias que enfrentemos por las cosas que decimos, de todas formas, podemos regresar a casa con nuestras familias”.

“Las víctimas son las personas palestinas. Los hombres, mujeres y niños que han sido asesinados, obligados a aguantar hambre, desplazados y forzados a vivir una violencia inimaginable”, continúa. “Más de 20,000 niños han sido asesinados, tan solo en Gaza. Seres humanos están siendo asesinados hoy y también lo serán mañana. Quiero que mientras cuento esta historia, no perdamos eso de horizonte”.

Luego, Macklemore explica que ha sido amigo de Sheeran por 13 años en los que han compartido escenarios, estudios y fiestas, por lo que las conversaciones que tuvieron en los últimos días “han sido difíciles” y su responsabilidad con contar la verdad no está motivada con “hacerlo quedar mal”.

¿Qué ocurrió con la gira de Ed Sheeran?

Después de las presentaciones de Macklemore en Nueva Jersey, los responsables de algunos de los recintos donde debía continuar la gira comunicaron que no estaban dispuestos a albergar los conciertos si el rapero continuaba formando parte del cartel.

Ed Sheeran explicó que esos recintos habían planteado que retirarían los espectáculos si Macklemore seguía como artista de apoyo. Según el cantante, la decisión final de apartarlo correspondió al promotor de la gira y no a él.

La controversia generó rápidamente un efecto dominó.

Finneas, músico y productor conocido por su trabajo junto a Billie Eilish, anunció que abandonaba la gira y sostuvo que los artistas no deberían ser silenciados cuando hablan sobre la opresión.

Lukas Graham, banda danesa que estaba prevista como acto de apertura, también decidió retirarse.

Aaron Rowe, músico irlandés que iba a participar en las fechas restantes, tomó la misma decisión.

Beoga, banda irlandesa que acompañaba musicalmente a Sheeran durante sus conciertos, también abandonó el recorrido.

El resultado es significativo: la controversia ya no afecta solamente a un telonero. La salida de Macklemore provocó la renuncia de prácticamente todo el esquema de artistas de apoyo de la gira.

Ed Sheeran: el papel de quien encabeza todo el espectáculo

Aquí aparece la cuestión más interesante.

Ed Sheeran no es un artista más dentro del cartel. Es quien encabeza la gira, quien da nombre al espectáculo y alrededor de quien se organiza toda la estructura comercial.

Por eso, aunque su versión de los hechos sea que la decisión no fue suya, resulta inevitable analizar su papel.

Sheeran explicó públicamente que intentó mediar durante varios días y que mantuvo conversaciones con las partes involucradas, incluidos responsables de los recintos. También afirmó que estaba “consternado” por el conflicto entre Israel y Palestina, pero que había decidido no utilizar públicamente su plataforma profesional para tomar partido.

El cantante sostiene que sus conciertos deben ser espacios de seguridad, encuentro y unidad, y que el público no acude a sus espectáculos para participar de un foro político. Al mismo tiempo, aseguró que respetaba la posición de Macklemore y que ambos podían tener distintas formas de buscar la paz.

Su explicación permite evitar una conclusión apresurada: no existen elementos suficientes para afirmar que Sheeran ordenó la expulsión de Macklemore.

Pero eso no significa que su papel quede fuera de discusión.

La pregunta incómoda: ¿alcanza con decir “no fue mi decisión”?

La responsabilidad de una figura pública no siempre se reduce a quién firma una decisión.

Sheeran afirma que la decisión correspondió al promotor después de que distintos recintos amenazaran con retirar los conciertos. Esa información es central para comprender el episodio.

Pero el cantante también reconoce que participó de conversaciones para intentar solucionar el conflicto.

Entonces aparece una pregunta legítima: ¿qué hizo el artista principal con el poder de influencia que tenía en esa situación?

No conocemos todas las condiciones contractuales ni las alternativas disponibles. Tampoco sabemos si una postura pública diferente de Sheeran habría permitido conservar a Macklemore en la gira.

Por eso, no sería correcto afirmar que tenía una solución garantizada.

Pero sí es razonable preguntarse si la posición de quien encabeza una gira implica una responsabilidad adicional cuando uno de los artistas que trabajan dentro de ella pierde su lugar por un mensaje político.

La cuestión no pasa solamente por determinar quién tomó la decisión formal. También pasa por observar quién tenía capacidad de negociación, qué intereses estaban en juego y qué límites estaba dispuesto a defender cada actor.

El poder no siempre aparece en forma de una orden. También existe en la capacidad de negociar, influir o decidir qué costos se está dispuesto a asumir.

El apoliticismo de Ed Sheeran

La posición de Sheeran puede resumirse de manera sencilla: considera que sus conciertos deben ser espacios de encuentro y no foros políticos.

Es una postura que, en principio, resulta perfectamente posible. Un artista no tiene la obligación de utilizar cada escenario para expresar sus opiniones sobre conflictos internacionales.

El problema aparece cuando esa neutralidad se enfrenta con una situación concreta: un artista de la misma gira sí decide utilizar ese escenario para expresarse y, como consecuencia, termina perdiendo su lugar.

Ahí el concepto de apoliticismo se vuelve más complejo.

Porque no hablar de política también puede tener consecuencias políticas.

No significa que el silencio equivalga automáticamente a apoyar a una de las partes. Tampoco permite atribuirle a Sheeran una determinada motivación que él no reconoce. Pero sí permite analizar los efectos de una postura de neutralidad.

Si un artista es excluido por sus declaraciones y otro decide preservar la continuidad del espectáculo evitando tomar públicamente partido, la neutralidad deja de ser solamente una cuestión individual. Pasa a formar parte de una estructura de decisiones.

La neutralidad también tiene contexto

Decirse apolítico puede significar diferentes cosas.

Puede significar no querer militar por ningún partido. Puede significar no querer convertir un concierto en un acto político. Puede significar intentar mantener abiertos los canales de diálogo entre personas que piensan diferente.

En el caso de Sheeran, esa última parece ser parte de su explicación: sostiene que prefiere la diplomacia y mantener abiertas las conversaciones antes que adoptar públicamente una posición.pero existe otra mirada posible.

Una postura de neutralidad puede terminar preservando las condiciones existentes. Si una organización comercial decide que determinado discurso genera demasiados costos y el artista principal acepta continuar bajo esas condiciones, la estructura que restringe ese discurso permanece.

Esto no significa que Sheeran sea responsable de todas las decisiones de los promotores o de los propietarios de los estadios. Tampoco demuestra que comparta esas posiciones.

Pero sí abre una discusión sobre qué significa ser neutral cuando las relaciones de poder no son neutrales.

¿Y qué pasa con los otros músicos?

La decisión de Finneas, Lukas Graham, Aaron Rowe y Beoga agrega otra dimensión.

Los cuatro podrían haber continuado con la gira. Sin embargo, decidieron retirarse.

Finneas afirmó que los artistas no deberían ser silenciados cuando hablan en favor de personas oprimidas. Los demás músicos también explicaron sus decisiones desde sus propias convicciones y experiencias.

Hay algo interesante en ese contraste,Sheeran eligió mantener una posición pública de neutralidad y continuar con la gira.

Los otros músicos eligieron abandonar una oportunidad profesional para establecer un límite.

Ninguna de las dos decisiones obliga automáticamente a concluir que uno de los grupos tiene razón sobre todas las cuestiones involucradas. Pero las dos muestran que el apoliticismo también es una decisión frente a una situación política.

Un conflicto que no empieza ni termina con Macklemore

El episodio tiene antecedentes en otras industrias.

The Chicks y la guerra de Irak

En 2003, Natalie Maines, integrante de The Chicks, criticó públicamente al entonces presidente estadounidense George W. Bush y la guerra de Irak.

La banda enfrentó boicots radiales, críticas y consecuencias comerciales.

El caso mostró hasta qué punto una declaración política puede afectar la relación entre un artista, su público y la industria.

Colin Kaepernick y el deporte

En 2016, Colin Kaepernick comenzó a arrodillarse durante el himno nacional en partidos de la NFL como protesta contra la violencia policial y la desigualdad racial.

Su gesto provocó un debate nacional sobre los límites de la expresión política de los deportistas.

Kaepernick no había dejado de ser futbolista por realizar el gesto. Pero su actividad deportiva quedó inevitablemente vinculada con una discusión social mucho más amplia.

Rihanna y la NFL

Rihanna rechazó participar en el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl de 2019, en un contexto marcado por la controversia alrededor de Kaepernick.

En lugar de utilizar la plataforma, decidió no participar.

La diferencia con Macklemore es importante: en este caso no hubo una expulsión de una gira, sino una decisión de no formar parte de un espectáculo. Pero ambos casos muestran que aceptar o rechazar una plataforma puede convertirse también en una decisión con dimensión política.

El verdadero problema: quién decide qué se puede decir

La discusión alrededor de Ed Sheeran y Macklemore puede terminar reducida a una pelea entre dos artistas con opiniones diferentes.

Sería una simplificación.

El verdadero conflicto involucra a una cadena mucho más amplia: artistas, promotores, propietarios de estadios, contratos, público y empresas.

Cuando un recinto comunica que no quiere albergar un espectáculo si determinado artista participa, está ejerciendo un poder concreto sobre quién puede acceder a ese escenario.

Cuando un promotor decide modificar el cartel, también está ejerciendo ese poder.

Y cuando el artista principal decide negociar, continuar o retirarse, utiliza el margen de influencia que posee dentro de esa estructura.

Por eso, el caso no solamente pregunta qué piensa Ed Sheeran sobre Palestina.

Pregunta algo más amplio:

¿qué responsabilidad tiene una figura con enorme poder comercial cuando otro artista pierde su espacio por ejercer su libertad de expresión?

No se trata de obligar a todos a militar

También hay que establecer un límite.

No sería razonable exigir que cada artista tenga que pronunciarse sobre todos los conflictos internacionales. Tampoco que un concierto tenga que convertirse necesariamente en una plataforma política.

La libertad de expresión incluye también la posibilidad de elegir cuándo hablar y cuándo no hacerlo.

El problema aparece cuando esa decisión individual se convierte en una condición para que otros puedan expresarse.

Ahí es donde el debate sobre el apoliticismo deja de ser puramente personal.

La paradoja de Ed Sheeran

Hay una paradoja en el centro de todo este episodio.

Sheeran sostiene que quiere mantener sus conciertos como espacios de unidad y seguridad, alejados de la confrontación política.

Pero la decisión de apartar a Macklemore terminó provocando exactamente lo contrario: una discusión política que alcanzó a toda la gira y provocó la salida de varios de sus artistas.

La intención de evitar la política no consiguió eliminarla del escenario.

Por el contrario, la convirtió en el principal tema de conversación alrededor del espectáculo.

Y esa puede ser la mayor enseñanza del episodio: la política no desaparece simplemente porque decidamos no hablar de ella.

A veces aparece precisamente en las decisiones que tomamos para mantenerla fuera.

El precio de la neutralidad

Ed Sheeran tiene derecho a defender una concepción de sus conciertos como espacios de encuentro y entretenimiento. Macklemore tiene derecho a expresar públicamente sus convicciones dentro de los límites que establezcan la ley y sus acuerdos profesionales.

Los promotores y los recintos también tienen intereses comerciales que forman parte de la organización de una gira.

Pero todos esos derechos y responsabilidades conviven dentro de una misma estructura.

Por eso, el caso merece ser analizado más allá de la pregunta sobre quién “echó” a Macklemore.

Sheeran sostiene que no fue su decisión. Los hechos conocidos hasta ahora respaldan que atribuyó públicamente la decisión al promotor y explicó que los recintos habían condicionado la continuidad de los conciertos.

Al mismo tiempo, su posición como artista principal y su propia intervención en las negociaciones hacen legítimo discutir cuál es el alcance de su responsabilidad.

No necesariamente porque pudiera haber solucionado el conflicto, sino porque las figuras con mayor poder dentro de una estructura también deben responder por cómo utilizan ese poder cuando surgen conflictos que afectan a quienes trabajan a su lado.

La cuestión de fondo tampoco es si Ed Sheeran debe convertirse en un activista político.

Es si la neutralidad puede ser considerada completamente neutral cuando determina, directa o indirectamente, qué voces permanecen dentro de un escenario y cuáles quedan afuera.

Porque un recital puede ser un espacio de celebración. Pero detrás de cada escenario existen contratos, intereses económicos, relaciones de poder y decisiones sobre quién puede hablar.

Y esas decisiones también forman parte de la política.

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