De la Sota, ocho años después: el legado de un modelo que todavía busca heredero
15 de septiembre de 2026
A ocho años de su muerte, el exgobernador sigue siendo una referencia inevitable para entender la política cordobesa. Pero su legado también plantea una pregunta incómoda: ¿qué quedó realmente del delasotismo más allá de los nombres y los homenajes?

José Manuel de la Sota murió el 15 de septiembre de 2018, cuando todavía conservaba una característica que había marcado buena parte de su carrera política: la capacidad de imaginarse nuevamente en escena. Tenía 68 años y viajaba desde Río Cuarto hacia Córdoba cuando sufrió el accidente sobre la Ruta 36 que terminó con su vida.
Ocho años después, su figura conserva una presencia particular en la política cordobesa. No solamente por lo que hizo durante sus tres períodos como gobernador, sino porque buena parte del poder provincial construido desde 1999 todavía tiene su origen en aquella experiencia política.
De la Sota llegó a la gobernación en 1999, después de dos intentos fallidos, y quebró la hegemonía radical que había gobernado Córdoba desde 1983. Fue reelegido en 2003 y volvió al poder en 2011. Entre sus gestiones quedaron políticas como el Programa Primer Paso, el Boleto Educativo Gratuito y una fuerte expansión de la infraestructura educativa.
Pero reducir su legado a una lista de obras y programas sería una forma incompleta de analizarlo.

Asunción en su primer mandato como gobernador
La construcción de un poder propio
El principal aporte político de De la Sota probablemente haya sido la construcción de una identidad cordobesa dentro del peronismo.
Su Unión por Córdoba no fue solamente una estructura electoral. Fue también una forma de entender el poder: un peronismo provincial con autonomía respecto de Buenos Aires, capaz de incorporar dirigentes y sectores que excedían al justicialismo tradicional.
La alianza que llevó a De la Sota al poder en 1998 incluyó al PJ junto con sectores de orientación liberal y desarrollista. Con el tiempo, aquella coalición fue ampliándose y modificándose, hasta convertirse en la estructura política que permitió al peronismo cordobés mantenerse durante décadas al frente de la provincia.
Ahí aparece una de las claves para entender su importancia: De la Sota no solamente ganó elecciones. Construyó un sistema político.
Y ese sistema sobrevivió a su muerte.
El modelo que continuó sin su creador
Después de 2018, el liderazgo provincial quedó en manos de Juan Schiaretti, uno de sus principales socios políticos y sucesor en la gobernación. Más tarde llegó Martín Llaryora.
La continuidad es evidente en términos de estructura y pertenencia política: el peronismo que De la Sota ayudó a construir siguió gobernando Córdoba. Un análisis publicado por La Voz señaló que, con los mandatos de Schiaretti y la gestión posterior de Llaryora, el espacio que nació con De la Sota acumula casi tres décadas en el poder provincial.
Pero continuidad no significa necesariamente identidad.
Ese es, quizás, uno de los interrogantes más interesantes que deja el aniversario. ¿Hasta qué punto el actual peronismo cordobés representa una continuidad del delasotismo y hasta qué punto se convirtió en otra cosa?
La respuesta no es sencilla. El modelo de autonomía frente al peronismo nacional continúa siendo una marca de la política provincial, pero el contexto político cambió radicalmente. La aparición de Javier Milei, la crisis del peronismo nacional y las disputas internas dentro del PJ modificaron el escenario en el que se mueve el oficialismo cordobés.
En ese nuevo tablero, la figura de De la Sota vuelve a aparecer como referencia, pero también como una suerte de territorio en disputa.

El problema de los herederos
Hay una paradoja en el legado delasotista: su construcción política sobrevivió, pero su liderazgo personal no encontró un reemplazo equivalente.
La propia Natalia de la Sota, una de sus hijas y actual dirigente política, ha planteado públicamente que su padre dejó un legado pero no herederos políticos.
La discusión vuelve a cobrar fuerza este año. Los homenajes realizados por dirigentes de distintos sectores del peronismo mostraron que el nombre de De la Sota todavía funciona como un punto de encuentro entre espacios que actualmente tienen diferencias políticas.
Al mismo tiempo, las disputas actuales muestran que la herencia está lejos de ser una cuestión cerrada. La política cordobesa atraviesa una discusión sobre qué identidad debe tener el peronismo provincial y qué relación debe establecer con el peronismo nacional. En ese debate, la figura de De la Sota aparece tanto como referencia como herramienta política.

Entre la gestión y las contradicciones
También es necesario mirar el legado de De la Sota sin convertirlo en una postal.
Su modelo político tuvo una enorme capacidad para construir poder y permanecer en el tiempo, pero también estuvo basado en una concentración prolongada del poder provincial y en una estructura política que hizo de la continuidad una de sus principales virtudes.
Ese aspecto merece ser discutido tanto como sus políticas públicas.
El delasotismo fue pragmático, amplio en sus alianzas y profundamente provincial. Esa flexibilidad le permitió sobrevivir a cambios políticos nacionales y mantener al peronismo cordobés competitivo durante décadas. Pero también hizo que su identidad ideológica fuera difícil de encasillar: podía convivir con sectores liberales, con distintas vertientes del peronismo y con dirigentes alejados de las tradiciones más clásicas del movimiento.
Esa ambigüedad fue, al mismo tiempo, una de sus fortalezas y una de sus principales contradicciones.
Ocho años después
A ocho años de su muerte, De la Sota ya no puede ser analizado solamente desde la nostalgia.
Hay que mirarlo como una de las figuras centrales de la transformación del peronismo cordobés y preguntarse qué parte de aquel proyecto permanece y cuál quedó definitivamente en el pasado.
Su mayor legado quizás no esté en una obra determinada ni en una consigna, sino en haber demostrado que Córdoba podía construir un peronismo con identidad propia y suficiente autonomía para atravesar distintos ciclos nacionales.
La paradoja es que esa construcción política continúa gobernando, pero todavía busca responder una pregunta que la muerte de su principal arquitecto dejó abierta: cómo sostener el poder sin depender de la figura que lo construyó.
Ocho años después, el desafío del delasotismo no parece ser mantener vivo el recuerdo de De la Sota. Es demostrar qué tiene para decir su legado en una Córdoba política que ya no es la misma. La pregunta inevitable es, ¿Sin de la sota, quien se quedo con el Delasotismo?