De General Cabrera al mundo: Coty Urquiza y el sueño que se baila a fuerza de trabajo
15 de septiembre de 2026
A los 23 años, la bailarina de la Escuela Atahualpa Yupanqui se consagró campeona provincial de Malambo Femenino Mayor. Su historia comenzó cuando apenas tenía dos años y hoy incluye escenarios de Argentina y el mundo, giras internacionales y espectáculos junto a grandes figuras. En octubre irá por el Campeonato Argentino.

Hay historias que no empiezan con una medalla. Empiezan mucho antes: en una sala de ensayo, en los primeros pasos de baile, en las horas de entrenamiento, en los viajes, en los sacrificios y en la decisión de seguir adelante incluso cuando todavía no hay aplausos.
La historia de Constanza “Coty” Urquiza Quiñones tiene mucho de eso.
Este sábado, la joven bailarina de la Escuela de Danza Atahualpa Yupanqui de General Cabrera participó en Córdoba del Campeonato Provincial de Malambo Femenino y obtuvo el primer premio en la categoría Mayor. Con ese resultado, se consagró campeona provincial de Malambo Femenino Mayor y consiguió el pase al Campeonato Argentino, que se realizará en Tanti del 7 al 12 de octubre.
Pero el título es apenas un capítulo más de una trayectoria que, pese a sus 23 años, ya tiene escenarios en distintos lugares del mundo.
Coty comenzó a bailar prácticamente desde que pudo escuchar música. Su papá, Marcelo Urquiza, recuerda que a los dos años ya hacía sus primeros pasos de danza.
A los ocho años llegó una oportunidad que marcaría su carrera: Flavio Mendoza la becó y comenzó una etapa de formación que la llevó a viajar regularmente a Buenos Aires para entrenarse en su estudio.
Aquella experiencia le abrió un universo artístico mucho más amplio. Además del folklore, incorporó distintas disciplinas y herramientas que luego le permitieron desenvolverse en grandes escenarios.
Con apenas 15 años participó de una importante gira por China. Más adelante llegaron experiencias en Rusia, Canadá y distintos escenarios internacionales, además de la posibilidad de compartir espacios con reconocidos artistas e integrar espectáculos como Extravaganza y el Circo del Ánima, de Flavio Mendoza.
Cada uno de esos lugares dejó una enseñanza.
“Cada artista tiene cosas que lo único que hacen es dejarnos un montón de información y conocimiento”, explicó Marcelo.

Una bailarina que cuenta historias con el cuerpo
Hay algo que quienes conocen a Coty destacan especialmente: cuando baila, no parece simplemente ejecutar una coreografía.
Su cuerpo cuenta.
Hay una historia detrás de cada movimiento, una emoción que atraviesa la música y una manera particular de interpretar aquello que está sucediendo sobre el escenario.
Para Marcelo, una parte de esa sensibilidad artística “se nace”. Pero también existe un enorme trabajo detrás de aquello que el público finalmente ve.
La técnica se construye. La disciplina se aprende. La responsabilidad se cultiva. Y la experiencia termina de darle forma a una artista.
Uno de los momentos que refleja esa sensibilidad fue el encuentro artístico con el violinista Alessandro Denami, donde la danza y la música parecen convertirse en un diálogo.
Porque para Coty bailar no es solamente una profesión. Es una forma de expresión.
El orgullo de un padre y de un maestro
Marcelo Urquiza conoce de cerca el esfuerzo que hay detrás de cada logro. Es bailarín, pero también es el director de la Escuela Atahualpa Yupanqui, una institución con 45 años de historia que actualmente cuenta con más de 800 alumnos.
Por eso, hablar de Coty implica para él ocupar dos lugares diferentes: el de padre y el de docente.
Y separar esos roles no siempre es sencillo.
“Es saber separar las cosas”, explicó. Dentro del salón, Coty es una alumna a la que hay que enseñar, corregir y exigirle. Cuando se cierra la puerta, vuelve a ser su hija, “esa niña maravillosa que hemos construido”.
En esa relación hay orgullo, pero también aprendizaje.
Marcelo asegura que su hija le enseñó la importancia de la perseverancia, el trabajo, el esfuerzo y la capacidad de resignar algunas cosas para perseguir un objetivo.
“Los sueños se trabajan”, resume.
Una escuela que busca abrir caminos
La historia de Coty también es, en buena medida, la historia de la escuela que la acompañó.
Marcelo cuenta que uno de los principales objetivos de Atahualpa Yupanqui es brindarles a sus alumnos las herramientas que muchas veces él no tuvo cuando comenzó su propio camino.
“Cuando uno no tiene las herramientas, aprende que el día que yo esté del otro lado, lo primero que tengo que hacer es acompañar”, explicó.
Ese acompañamiento busca atravesar también las desigualdades económicas y sociales.
La idea es que el acceso a la danza no dependa de cuánto dinero tenga una familia.
“Cambiar una historia, cambiar una vida. No hay duda de que la danza salva”, sostuvo Marcelo.
El resultado de ese trabajo se refleja en los números, pero también en las historias: actualmente la escuela tiene alrededor de 20 artistas que desarrollan sus carreras en distintos lugares del mundo. Y Coty es una de ellas.

Más que una medalla
Marcelo insiste en una enseñanza que considera fundamental y que intenta transmitir tanto en su familia como en la escuela: la humildad.
El éxito, los premios y los aplausos son importantes, pero no deberían definir a una persona.
“Los laureles se secan”, dice. Lo que permanece es aquello que cada uno construye como ser humano.
Por eso, el desafío para Coty no es solamente bailar mejor.
Es seguir creciendo,aprender,escuchar,corregir.
Y mantener los pies sobre la tierra aun cuando los escenarios sean cada vez más grandes.
Ahora, el desafío es nacional
La celebración por el campeonato provincial durará poco.
El próximo objetivo ya está marcado: el Campeonato Argentino de Malambo, que se disputará en Tanti entre el 7 y el 12 de octubre.
Para llegar de la mejor manera, el trabajo ya comenzó.
Vestuario, música, técnica y cada detalle de la presentación serán revisados y perfeccionados durante las próximas semanas.
Para Marcelo, la competencia no significa enfrentarse contra otros, sino tener la posibilidad de conocer qué aspectos todavía se pueden mejorar.
Los jurados dejan sus devoluciones y esas observaciones se transforman en nuevas herramientas para crecer.
Así funciona este camino.
Un campeonato termina y, casi inmediatamente, comienza el siguiente desafío.
Porque detrás de cada premio hay mucho más que una presentación.
Hay años,hay familia,hay maestros,hay renuncias,hay viajes,hay caídas y aprendizajes.
Y, sobre todo, hay una pasión que se sostiene
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