Opinion
Lo que ocurrió este domingo en Brasil no puede leerse solamente como una disputa entre Lula y el bolsonarismo. Detrás de la elección aparece una transformación social y política más profunda: el crecimiento de las iglesias evangélicas y, junto con ellas, la consolidación de un espacio político conservador que ya tiene una influencia considerable en Brasil y que comienza a marcar el pulso de buena parte de América Latina. Brasil es, en ese sentido, un laboratorio privilegiado. Pero no es una excepción.
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