Javier Vicent: “La economía está en una franca recesión y no hay ningún impulso que permita salir”
22 de octubre de 2026
En su columna en De Buena Mañana, el economista analizó el estancamiento de la actividad económica, la caída del consumo y los salarios, el endeudamiento y las dificultades que atraviesan las pequeñas y medianas empresas. También cuestionó la orientación monetaria y cambiaria del Gobierno de Javier Milei y advirtió sobre las consecuencias de la desinversión en el entramado productivo argentino.

La economía argentina enfrenta un escenario de estancamiento que, lejos de mostrar señales claras de recuperación, comienza a profundizar las dificultades de los sectores productivos y de los hogares. Así lo planteó el economista Javier Vicent en su columna en De Buena Mañana, donde cuestionó las expectativas de recuperación que sostenían algunos analistas y advirtió que no existen motores suficientes para impulsar una salida de la recesión.
Vicent puso el foco en el dato de actividad económica de agosto, que registró un crecimiento de apenas el 0,1% respecto de julio, luego de la fuerte caída del mes anterior. Para el economista, el resultado estuvo lejos de las previsiones de quienes esperaban un rebote que compensara el retroceso previo.
Sin embargo, sostuvo que el dato no resulta sorprendente cuando se observa lo que ocurre fuera de los informes de las consultoras. La situación de los comerciantes, empresarios y trabajadores, señaló, permite advertir una economía con escaso movimiento y dificultades que no siempre quedan reflejadas en las proyecciones.
“La economía está en una franca recesión”, afirmó, al describir un panorama en el que el consumo interno, la inversión y los ingresos de los trabajadores no muestran señales suficientes de recuperación.
Salarios en baja, consumo frenado y menos inversión
Uno de los principales cuestionamientos de Vicent estuvo dirigido a la ausencia de factores capaces de modificar la tendencia de la actividad económica. En ese sentido, planteó que la caída del salario real, la retracción de la inversión y el ajuste del gasto público conforman un escenario que limita las posibilidades de recuperación.
Según su análisis, aunque algunos sectores vinculados a los grandes proyectos de energía y minería muestran un desempeño favorable, la inversión en buena parte de la economía doméstica continúa debilitada.
El consumo también aparece como una de las variables más comprometidas. Vicent recordó que representa alrededor del 70% del Producto Bruto Interno y advirtió que su estancamiento impacta directamente sobre el comercio, la industria y las pequeñas y medianas empresas.
Como ejemplo, mencionó el comportamiento de las ventas por el Día de la Madre, una de las fechas más importantes para el comercio argentino. De acuerdo con los datos que citó durante la columna, las ventas registraron una caída promedio cercana al 6%, una señal de que ni siquiera una fecha tradicionalmente favorable logró revertir la debilidad del consumo.
La consecuencia, en su lectura, es una economía que pierde dinamismo y en la que los sectores que dependen del mercado interno enfrentan cada vez mayores dificultades para sostener su actividad.
Exportaciones récord, pero con escaso impacto en el mercado interno
En contraposición con el freno del consumo, Vicent destacó el desempeño de las exportaciones argentinas. Durante la columna, hizo referencia a los datos de la balanza comercial de septiembre y al récord de exportaciones por unos 10.000 millones de dólares, impulsado por los precios de las materias primas, el aumento de las cantidades exportadas y el crecimiento de la actividad energética y minera.
Para el economista, allí aparece una de las principales contradicciones del modelo económico: mientras algunos sectores exportadores muestran resultados positivos, esa dinámica no se traduce necesariamente en una mejora generalizada de las condiciones de vida ni en una recuperación del mercado interno.
El desafío, sostuvo, pasa por reconstruir el entramado productivo y generar mecanismos que permitan que los ingresos provenientes de las exportaciones tengan un mayor impacto sobre el empleo, la inversión y el consumo.
La discusión, en ese sentido, excede el crecimiento de determinados rubros y se concentra en cómo se distribuyen sus beneficios y qué capacidad tiene el resto de la economía para aprovecharlos.
La deuda y el costo de sostener el modelo
Otro de los ejes centrales de la columna fue el peso del endeudamiento sobre los recursos que genera el país. Vicent señaló que una parte significativa de los dólares que ingresan por exportaciones termina destinada al pago de deuda y dividendos, lo que limita su disponibilidad para impulsar nuevas inversiones y fortalecer la actividad interna.
En ese marco, cuestionó el endeudamiento contraído durante la gestión de Mauricio Macri y planteó que las obligaciones acumuladas continúan condicionando la política económica actual.
El economista advirtió que el crecimiento de las exportaciones de petróleo, gas y productos agropecuarios puede resultar insuficiente para mejorar las condiciones económicas generales si una proporción importante de esos ingresos se destina a cubrir compromisos financieros.
La paradoja es que un país con oportunidades para incrementar sus exportaciones puede continuar atravesando dificultades internas si esos recursos no se traducen en mayor producción, empleo e ingresos.

Las tasas de interés y el dólar, en el centro de las críticas
Vicent también cuestionó la política monetaria y cambiaria del Gobierno nacional. A su entender, las tasas de interés elevadas y el atraso cambiario contribuyen a debilitar la competitividad de las empresas argentinas, especialmente en un contexto de apertura comercial.
Durante su análisis, mencionó las críticas formuladas por el economista ortodoxo Miguel Ángel Broda a la orientación económica oficial, para señalar que los cuestionamientos ya no provienen únicamente de sectores tradicionalmente opositores al Gobierno.
Como alternativa, Vicent planteó que una modificación de la política monetaria y cambiaria podría incluir una reducción de las tasas de interés y una intervención destinada a fortalecer la posición del dólar. Sin embargo, advirtió que avanzar en esa dirección supondría revisar algunos de los principales postulados que sostiene el presidente Javier Milei.
Allí ubicó uno de los obstáculos centrales para un eventual cambio de rumbo: la distancia entre las necesidades de la economía real y la convicción ideológica con la que el Gobierno defiende su programa.
Para Vicent, la discusión no se limita a corregir variables financieras, sino que involucra la capacidad del Ejecutivo para reconocer los límites de su estrategia y modificar las herramientas que utiliza para conducir la economía.
El riesgo de una recuperación cada vez más costosa
La columna también puso el foco en las consecuencias de la desinversión sobre la infraestructura y el tejido productivo. Vicent advirtió que el cierre de empresas, la pérdida de puestos de trabajo y la falta de mantenimiento de las obras públicas pueden dejar consecuencias que excedan el período de una gestión.
Para ilustrarlo, recurrió a la imagen de una vivienda cuyo techo no se repara durante años: el deterioro no desaparece por dejar de invertir, sino que se acumula y termina exigiendo una intervención mayor.
Desde esa perspectiva, una eventual recuperación económica no dependerá solamente de modificar las variables macroeconómicas, sino también de reconstruir capacidades productivas, recuperar infraestructura y volver a generar condiciones para que las empresas puedan sostenerse.
El economista también vinculó el deterioro de la economía real con las tensiones financieras. Señaló que las estrategias basadas en tasas elevadas y operaciones de corto plazo pueden sostener temporalmente determinados indicadores, pero no reemplazan una recuperación de la producción y el consumo.
En su análisis, el aumento del riesgo país y la desconfianza sobre la sostenibilidad del programa económico también reflejan las dudas acerca de la capacidad del modelo para generar resultados duraderos.
Un modelo bajo presión
Hacia el final de su columna, Vicent advirtió que el deterioro de la actividad económica puede profundizar los problemas de las pequeñas y medianas empresas, el empleo formal e informal y los sectores que dependen del mercado interno.
También señaló que cualquier gobierno que deba conducir la economía en el futuro tendrá que enfrentar las consecuencias de las empresas que cerraron, la inversión que no se realizó y la infraestructura que quedó relegada.
Su diagnóstico apunta a una contradicción central: mientras las exportaciones de determinados sectores ofrecen oportunidades para la Argentina, buena parte de la población y del aparato productivo no encuentra en ese desempeño una mejora concreta de sus condiciones económicas.
La pregunta que deja planteada el análisis es cuánto tiempo puede sostenerse un esquema en el que algunos indicadores sectoriales muestran resultados positivos, pero el consumo, los salarios y la actividad de buena parte de las empresas continúan debilitados.
Para Vicent, la falta de motores que impulsen una recuperación y la resistencia del Gobierno a revisar sus principales decisiones económicas configuran un escenario preocupante. El desafío no pasa solamente por estabilizar las variables financieras, sino por lograr que esa estabilidad se traduzca en producción, empleo y mejores condiciones de vida.