Marcelo Figueras: “El Indio necesitaba conectar con la gente que lo amaba de una manera que no lo había hecho antes”
9 de octubre de 2026
El biógrafo del Indio Solari presentará Recuerdos que mienten un poco el próximo sábado 10, a las 20, en la Feria del Libro, junto a Andrés Natali y Darío Bartoccioni. En el programa De Buena Mañana, recordó cómo nació el proyecto que lo acercó durante años al universo personal del músico, habló de la amistad que construyeron y reflexionó sobre el presente de la cultura argentina. “Conversar de él es sentir que anda revoloteando por ahí”, confesó.

La historia de Recuerdos que mienten un poco, la biografía del Indio Solari escrita por Marcelo Figueras, es también la historia de un encuentro que trascendió lo profesional. Lo que comenzó como una oportunidad periodística y literaria terminó convirtiéndose en una experiencia de vida, una amistad inesperada y una forma de mantener cerca a alguien cuya obra marcó a generaciones de argentinos.
El próximo sábado 10, a las 20, Figueras llegará a la Feria del Libro para presentar la obra junto a Andrés Natali y Darío Bartoccioni. Antes del encuentro, repasó el proceso de escritura, la decisión del Indio de contar su propia historia y las razones por las que, todavía hoy, volver sobre esas páginas significa reencontrarse con el músico y con el amigo.
Una oportunidad única
Cuando Solari lo convocó para trabajar en su autobiografía, Figueras no necesitó imponerse condiciones ni hacerse promesas. La alegría fue inmediata y tuvo dos razones: la oportunidad profesional y la admiración personal.
“Yo tenía claro que el Indio me eligiese para contar su historia era una oportunidad en términos periodísticos, históricos y literarios única”, recordó. Hasta entonces, el músico había mantenido una relación muy reservada con su vida privada. Aunque existía una enorme cantidad de libros sobre Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota y sobre su figura, ninguno había contado con su participación directa.
Para Figueras, el desafío también tenía una dimensión afectiva. Era admirador de Los Redondos y de la obra de Solari, a quien conocía desde hacía años por las entrevistas realizadas durante la trayectoria de la banda. “Además de la oportunidad profesional, yo sabía que iba a ser un placer enorme para mí, y es lo que fue”, resumió.
Contar su propia historia
La decisión de Solari de abrirse y compartir su recorrido estuvo relacionada, según interpreta su biógrafo, con una necesidad de establecer otro tipo de vínculo con quienes lo habían acompañado durante décadas.
“Creo que llegó a una etapa de su vida en la cual necesitaba abrirse y conectarse con la gente que lo seguía, con el público al que en general solemos llamar los Redondos”, explicó Figueras, incluyendo también a quienes se sumaron durante la etapa solista del músico.
En esa decisión también influyó la transformación de las formas de comunicación. La revolución digital modificó la relación entre artistas y público, habilitando una interacción que antes era mucho más limitada. En ese contexto, el libro ofrecía la posibilidad de que Solari hiciera escuchar su propia voz y presentara su versión de una historia sobre la que durante años se habían multiplicado interpretaciones y relatos ajenos.
La biografía se convirtió así en un espacio para recuperar la palabra del músico, revisar su recorrido y acercarse a las ideas, lecturas y experiencias que alimentaron su obra.
Cuatro años de encuentros y una amistad inesperada
El trabajo compartido también transformó la relación entre ambos. La confianza profesional que habían construido a lo largo de los años dio paso a una cercanía mucho más profunda, alimentada por encuentros frecuentes y conversaciones sostenidas durante un largo período.
“Implicó juntarse un par de veces por semana, al menos durante cuatro años. Implicaba una frecuencia de contacto humano muy distinta a la que habíamos tenido durante las décadas previas”, contó Figueras.
El escritor cree que Solari lo eligió, en parte, porque confiaba en su trabajo y reconocía en él una sensibilidad cercana a su universo cultural e intelectual. Habían leído muchos de los mismos libros, visto películas similares y compartían, según describió, una actitud ante la vida.
La amistad, sin embargo, no estaba prevista. Figueras recordó que el Indio solía decir que sus vínculos con las personas con las que trabajaba tendían a terminar cuando concluía el proyecto que los había unido. Por eso, durante mucho tiempo, el escritor imaginó que algo parecido sucedería una vez terminado el libro.
Ocurrió lo contrario.
“Se acabó la excusa que teníamos para seguir viéndonos y aun así se dio de seguir viéndonos, porque yo disfrutaba mucho de su compañía y creo que él también”, relató.
Con el tiempo, Solari comenzó a expresarle cuánto bien le hacían esas visitas. “Cada vez que yo me iba de Parque Leloir, me decía: ‘Usted sabe lo bien que me hace que venga a verme’”, recordó Figueras.
Y agregó una definición que sintetiza la dimensión personal de ese vínculo: “Era el amigo de la edad madura que nunca sospeché que iba a tener”.
Un libro para volver a encontrarlo
La ausencia del Indio le dio a la biografía un significado diferente. Lo que antes era una herramienta de trabajo y una fuente de consulta para el propio músico se convirtió también, para Figueras, en una manera de mantener vivo el diálogo.
Solari solía decir que consultaba el libro como si fuera el I Ching: lo abría al azar y se detenía en la página que aparecía, como una forma de encontrarse con distintas ideas cada día.
Ahora, el escritor reconoce que le sucede algo parecido. Tanto al escribir sobre él como al trabajar en el documental sobre su vida —un proyecto cuyo guion desarrollaron juntos durante meses—, vuelve a las páginas y a las conversaciones compartidas.
“La posibilidad de hablar sobre él, me doy cuenta de que para mí es una oportunidad de volver a sentirlo cerca”, dijo. Y completó: “Conversar de él es sentir que anda revoloteando por ahí y eso es algo que me doy cuenta que necesito”.
Al mirar hacia atrás, Figueras también considera que Solari pudo sentirse satisfecho con el recorrido de su vida, aun con las dudas y las cuestiones pendientes que atraviesan cualquier experiencia humana.
El músico, explicó, quizá había aspirado inicialmente a poder vivir de aquello que le gustaba hacer, sostener a su familia y educar a sus hijos. Sin embargo, su trayectoria lo convirtió en una referencia para cientos de miles, posiblemente millones, de jóvenes.
“Creo que trató de estar a la altura de esa responsabilidad y que trató de cuidar a toda esa gente joven en la que tanto creía, en la que tanta fe tenía”, sostuvo.
La cultura como espacio de encuentro
La conversación también se extendió más allá de la biografía y abordó el presente de la Argentina, con especial atención a las dificultades que atraviesa la producción cultural.
Figueras fue contundente al describir el escenario actual. Consideró que la cultura argentina está siendo atacada por las políticas del Gobierno nacional y advirtió que producir y difundir arte se volvió especialmente difícil.
Sin embargo, su mirada no se detiene en el diagnóstico. Para el escritor, la persistencia de quienes crean y de quienes necesitan encontrarse con esas obras constituye una forma de resistencia.
“La única tranquilidad que tengo es que sé que aquellos que amamos el arte e intentamos producir cultura, no para ganarnos el pan tan solo, sino porque es una necesidad del alma, espiritual, lo vamos a seguir haciendo por más difícil que sea la cuestión”, afirmó.
Para explicar ese vínculo entre cultura y sociedad, recordó la crisis de 2001. A pesar de la desesperación económica y de la falta de recursos, la cartelera teatral argentina ofrecía una actividad extraordinaria. No era la abundancia de dinero lo que la sostenía, sino la necesidad de reunirse, compartir preguntas y encontrar respuestas colectivas.
“Necesitamos juntarnos y pensar qué mierda nos está pasando y pensar cómo salimos de esta”, evocó.
En su lectura, la cultura cumple hoy una función similar: construir comunidad frente al aislamiento y ofrecer herramientas emocionales, intelectuales y espirituales para atravesar las crisis.
“La cultura lo que tiende a ser es lo contrario: generar comunidad, como la generaron los Redondos en los 80, como la generó el Indio con los Fundamentalistas”, señaló.
Para Figueras, la posibilidad de salir adelante depende de recuperar esa dimensión colectiva y de sostener la convicción de que una sociedad más justa y feliz es posible.
Escribir para encontrarse con otros
Hacia el final de la entrevista, el escritor respondió qué lo lleva a seguir escribiendo y si volvería a elegir el mismo camino. Su respuesta fue categórica: no cambiaría de oficio.
“Escribir es pensar en voz alta, y a la vez escribir es jugar”, definió.
En la escritura encuentra tanto el placer de inventar historias y personajes como una manera de comprender mejor el mundo. Pero también encuentra una posibilidad de encuentro con los lectores, un diálogo que considera fundamental.
“Escribo para encontrarme con otros. Escribo para charlar con otros”, afirmó.
La idea guarda una relación con la forma en que Solari concebía sus propias letras: textos abiertos a distintas interpretaciones, capaces de adquirir sentidos nuevos según quien los escuche. Para Figueras, algo similar ocurre con una novela, que cada lector reconstruye a su manera.
En ese punto, la biografía del Indio también puede leerse como una invitación a continuar la conversación. No solo sobre la vida de uno de los músicos más influyentes de la Argentina, sino sobre la cultura que ayudó a construir, los vínculos que nacen alrededor del arte y la necesidad de sostener esos espacios comunes.
El próximo sábado 10, a las 20, en la Feria del Libro, Marcelo Figueras compartirá junto a Andrés Natali y Darío Bartoccioni las historias detrás de Recuerdos que mienten un poco. Será una oportunidad para acercarse a la cocina de una obra que nació de la confianza, creció con la amistad y hoy funciona, también, como una forma de volver a encontrarse con el Indio Solari.
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